octubre: carta de resurrección

octubre: carta de resurrección

Fue a mediados de septiembre que encontré una anormalidad en mi cuerpo. 

Al primer tacto, todo coágulo de sangre se activó lo suficiente como para inmovilizarse por unos segundos. Realmente no creo haber pensado en nada en ese lapso de dos respiraciones. 

Luego sentí descarga, mi misma sangre volvió a correr más lenta que antes, tal vez más lenta de lo que alguna vez corrió en su vida. 

No quise admitirlo hasta el día de hoy, un día antes de la revisión médica, pero siento que si no lo hago entonces volveré a temer de mí misma sin saber por qué estoy escapando. Corriendo. Todo se trata de correr. 

Cuando comencé a sumar las posibilidades de la anomalía, la mayoría de las catástrofes me esperanzaban, podía saborear el gusto amargo del primer sorbo de té del invierno. 

Voy a dejar de correr, suspiraba por dentro. Voy a dejar de funcionar y no por mérito propio.

Tal vez esto no fue buena idea, tal vez estoy asustándome a mí misma. Más que antes. Me siento enferma.

Nunca imaginé que las cartas de resurrección sean tan desgarradoras, incluso más que las cartas que refieren al adiós, al miedo del olvido y al que el otro sepa que en todos los planos lo vas a amar sin importar cuánta muerte separe. 

Las cartas sobre muerte me dan un respiro; las de resurrección una sensación incómoda, como si hubiese un bicho dentro mío hambriento de mi estómago, devorando por completo al órgano. 

Yo solo necesito dejar de correr, tomar un descanso, uno no proporcionado por mi consciente, que no me haga sentir culpable de frenar. Necesito que algo me detenga, algo extraordinario, merecedor de mi detención. 

No quise hablarlo con nadie sobre esta anomalía esperanzadora, porque únicamente me responderían con buenos consejos y discursos optimistas, ¿qué hay si necesito dolor? ¿Cuál es el problema del querer que la naturaleza me consuma? 

Estuve tanto tiempo corriendo, corriendo, corriendo. De todo, de todos. Corro de mí, de mis seres amados, corro de donde sea que me estabilizo porque me da terror desestabilizarme ahí, estoy compuesta de pánico al pensar que existe algún lugar al que puedo llamar hogar. 

Deformidad, ¿me dejarías descansar acá? Estoy agotada, necesito dormir sobre la lavanda al lado de la laguna, necesito dejar de escapar.