agosto: la vulgaridad de hablar

agosto: la vulgaridad de hablar
is it better to speak or to die?

Le quise suplicar al amanecer que ya no me obligue a malgastar mis cuerdas vocales, pero al mismo tiempo temo que mi aversión por el habla incremente y que el anhelo de resguardarlas unos días también aumente cada vez más, así que solo me dedico a rezarle hasta en lo que no creo para que no caer en la necesidad de comunicarme.

Sin embargo, se vuelve irónico este rencor en la sangre por la comunicación simple y directa, ya que tanto yo misma como mis pares coincidimos en que soy una persona de palabras fáciles, aunque ahora caigo en la conclusión que tal vez es por ello que lo detesto tanto.

Detesto hablar sin contenido alguno. Detesto intercambiar mis cantares con ajenos con los cuales poco me interesa intercambiar absolutamente algo. Detesto pensar en qué debo decir. Detesto sonar estúpida con lo que propongo. Detesto sonar inteligente (porque sé que es solo lo que intento demostrar, no logro ser capaz de poseer ninguna clase de intelectualidad). Detesto que no baste con mis expresiones faciales. Detesto que aunque hable necesite de gesticulaciones porque no alcance con lo que digo. Detesto no desarrollarme lo suficiente. Detesto no saber qué decir, cómo expresarme. Detesto que mi mirada no sea idónea, porque me hace sentir que es débil, desprotegida, suave. Detesto que cuando no hablo, se le llame la atención a mi silencio. Detesto todo lo que lo involucre.

Quisiera expresarme con cartas (de esas que hoy en día nombran como ridículas y demasiado cursis) o si se me permite ser más ambiciosa, ir directamente a algo un poco más rebuscado: que los movimientos y las dilataciones de mis pupilas sean lo suficientemente expresivas como para que se entienda todo lo que aman, todo lo que duelen.

Aborrezco hablar porque simplemente no puedo hacerlo, porque no doy el contenido suficiente para mí, porque únicamente hablo por el otro. Me convertí en una máquina que lo único que hace es crear ruidos agradables para el oído de terceros pero que está completamente averiada por dentro.

Arréglenme, arréglenme.

Pero la máquina no habla sobre lo que le pasa porque no importa, lo único que es relevante es que funcione. Y yo funciono. Funciono y estoy descompuesta al mismo tiempo (¿tiene sentido?).

Suelo llegar a la conclusión que en algún momento, cuando no sea tan eficiente como antes, alguien vendrá a repararme. Oh, eso sí que no lo podría detestar.