septiembre: más vida

septiembre: más vida

En mi otra vida no amanezco con delirios lunares, ni tampoco anochezco con agotamiento solar. 

Los cafés de la mañana jamás se enfrían, el viento de la tarde me señala hacia donde pertenezco y como acto insólito, por la noche no acondiciono ninguna de mis muertes. Directamente no muero. Sigo. 

El ambiente que me rodea no podría ser más sosegado y supongo que es por mi disposición en dejar de dedicarles escritos a ciegos y congresos a sordos. Desde mi complejo más crudo hasta mi pestaña más débil, todo en mí es relevante. 

Todo es relevante y al mismo tiempo efímero, no hay deseos de fines porque ocurren constantemente, porque no hay necesidad de una permanencia. Todo es suficiente y suficiente es todo, la satisfacción como estado constante en mi alma, ese sentimiento con el que apenas me atrevo soñar por la noche por miedo a que me lo roben por debajo del colchón. 

En mi otra vida jamás podría ser yo, ya que nunca me verán cruzar la habitación sin estar sosteniendo mis lógicas fundadas por suplicios celestiales.